Seguidores de la princesa Diana se concentraron este jueves desde el amanecer en las puertas del palacio de Kensington para recordar la vida de una mujer que transformó a Reino Unido y a la familia real cuando murió, hace 20 años, en un accidente automovilístico en París.

Diana, una de las mujeres más famosas del mundo, murió el 31 de agosto de 1997 a los 36 años, cuando su limusina chocó en un túnel mientras intentaba alejarse de paparazzis que la perseguían en motocicletas.

Su deceso provocó la mayor exhibición de duelo vista en Reino Unido en tiempos recientes y afectó a la monarquía, que fue acusada de reaccionar demasiado fríamente.

Los hechos que siguieron a esa tragedia, cuando la reina Isabel prometió que aprendería de la vida de Diana, son considerados como un punto de inflexión en la modernización del país y sobre cómo la familia real se relaciona con el público.

“Trajo un respiro de aire fresco a la familia real”, comenta Caryll Foster, de 57 años, quien llegó al palacio a las 3:00 horas para conmemorar el momento en que se informó por primera vez de la muerte de Diana.

“La familia real puede ser un poco fría, y ella era cálida y amable. Ella era muy especial y queremos mantener viva su memoria”, agregó.

El jueves, los seguidores se reunieron en la oscuridad para encender velas y recordar a la mujer que se casó con el príncipe Carlos, heredero al trono, en una lujosa ceremonia en 1981 antes de su amargo divorcio en 1996.

El vigésimo aniversario de la muerte de Diana ha provocado una nueva fascinación con la “princesa del pueblo”, como fue llamada por el entonces primer ministro Tony Blair, y sus dos hijos, los príncipes Guillermo y Enrique, encabezaron los homenajes.

En documentales emitidos en las últimas semanas, ambos príncipes hablaron sobre el trauma que sufrieron por la muerte de su madre y sobre su confusión y desconcierto por el dolor del país.

El diario The Times publicó el jueves que el hecho de que los príncipes pudieran hablar tan abiertamente sobre sus emociones muestra el legado duradero de Diana, una de las primeras figuras reales que abordaron el tema.

“Su valor para ser abiertamente vulnerables y para hablar sobre estos temas es una marca de cómo la familia real ha cambiado y un ejemplo del papel que puede jugar una familia real moderna en la vida británica”, sostuvo en una editorial.