En los primeros 12 días de enero, una docena de cabezas humanas fueron abandonadas en los cofres de cuatro vehículos, con la advertencia de una “limpia delincuencial” en la zona sur del estado.

Los cuerpos desmembrados de las víctimas –presuntos delincuentes, según el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares– estaban envueltos en bolsas de plástico negras, mismas que fueron colocadas dentro de autos compactos localizados en Tlacotalpan (con cinco cadáveres), Sayula de Alemán (cuatro), Minatitlán (dos) y Cosoleacaque (uno). Las fotografías de la macabra escena circularon en medios nacionales e internacionales.