– Ron Oliver formó parte del ejército israelí durante tres años, de 1994 a 1997. Después de terminar la preparatoria, se unió al servicio militar para entrenarse como paracaidista. La formación no fue sencilla: capacitaciones intensivas, demanda de compromiso constante y realizar actividades de manera eficiente en los tiempos establecidos eran parte de su dinámica diaria.

“Estar ahí me ayudó a tener confianza en mí mismo, a comprometerme con las misiones, a trabajar en equipo y a cumplir todo en tiempo”, recuerda el israelí. Aunque no continuó con su carrera como paracaidista, los aprendizajes los puso en marcha en su faceta como emprendedor: ha creado 22 start-ups que en total han levantado alrededor de 80 millones de dólares de inversión.

En Israel, el servicio militar es obligatorio después de los 18 años. Los hombres deben permanecer en él tres años y las mujeres dos. Ran Natanzon, jefe de innovación y marca país del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, afirma que la formación militar es uno de los ingredientes principales en la receta para tener un ecosistema emprendedor exitoso en aquel país, que hasta 2017 contaba con 6,500 start-ups.

Liderazgo, trabajo en equipo, misiones conjuntas y networking son las herramientas que el servicio militar ofrece a los israelíes. Todas son habilidades importantes para los emprendedores, destaca Natanzon.

El ejército trabaja bajo un esquema de formación particular: los soldados reciben muy pocas instrucciones de sus superiores, porque deben aprender a improvisar, a resolver problemas, a esforzarse por un objetivo común y a desafiar lo establecido.

“Con esto demuestras la capacidad que tienes para hacer cosas que tú piensas que no puedes realizar”, dice Oliver. “Te da una perspectiva de la vida y del trabajo, y te enseña a actuar. Son algunos de los valores que adquieren los emprendedores de Israel que fueron al ejército”.

A un año de ingresar en el servicio militar, Oliver fue nombrado responsable de un equipo de 20 personas. Fue su desafío más importante. “Me dijeron: ‘este es tu grupo, manéjalo’. Fue una gran responsabilidad cuidar la vida y el bienestar de esos 20 chicos de 18 años”, recuerda el egresado de la carrera de Administración de Negocios y Negocios Internacionales en la Universidad de Tel Aviv.

Compartir estas experiencias con un equipo genera redes de networking sólidas. “Muchas start-upsson fundadas por amigos que se conocieron en el ejército”, afirma Oliver.

Para los especialistas, todos los roles dentro de las fuerzas armadas adquieren las mismas habilidades emprendedoras. No importa si el soldado es paracaidista, piloto o miembro de la unidad de inteligencia, todos poseen aptitudes similares.

Sin embargo, hay un grupo que ha destacado por producir una serie de emprendedores exitosos: la unidad de inteligencia exclusiva 8200. En más de una ocasión, el empresario israelí Yossi Vardi -cofundador y presidente de Tekem, firma de software pionera en el país e inversionista ángel- ha afirmado que este grupo responsable de captar señales de inteligencia y descifrar códigos ha generado más billonarios de alta tecnología que cualquier escuela de comercio del país.

Este prestigio que persigue a la formación militar, dice Oliver, genera que los jóvenes no vean el servicio militar como una obligación, sino como una oportunidad para adquirir aptitudes competitivas.