Baja California parecía tierra de jauja para Morena. A juzgar por las recientes encuestas y su rotundo triunfo en los comicios de 2018, va viento en popa hacia la jornada electoral del próximo 2 de junio, con plena confianza en ganar la gubernatura, los cinco ayuntamientos y las 17 diputacio­nes de mayoría.

Sin embargo, navega ya en mares embravecidos y con una grave fractura interna a partir de la imposición de candidaturas.

El quebranto en la Coalición Juntos Haremos Historia en la entidad –Morena-PT-PVEM y el partido local Transformemos– se da justo cuando es factible sacar del gobierno a la élite panista que durante 30 años consecutivos ha ejercido el poder.

Reconocidos líderes políticos y sociales, como Jaime Martínez Veloz, el abogado José Ángel Peñaflor y el dirigente campesino Rigoberto Campos, quienes buscaron ser postulados por Morena, fueron excluidos y decidieron fundar el Movimiento Amplio Social por la Cuarta Transformación (MAS 4T), organización que irrumpe con fuerza en el proceso electoral.

“Estamos aquí, en esta asamblea y no en Morena, porque no damos el perfil para la franquicia. No somos gringos, no somos ricos, no tenemos casas en Estados Unidos, no tenemos antecedentes penales. Somos MAS 4T”, dijo Martínez Veloz el pasado 16 de marzo en Tijuana, en alusión al candidato morenista a la gubernatura, Jaime Bonilla Valdez, durante la reunión estatal constitutiva de este movimiento en el que convergen diversas organizaciones sociales de la entidad.

Exdiputado federal y extitular de la Comisión para el Diálogo con los Pueblos Indígenas de México, Martínez Veloz es el abanderado del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la gubernatura de Baja California.

Decidió postularse por el PRD, explicó, después de recorrer durante meses el estado con la bandera de Morena como aspirante a la precandidatura a gobernador, pero el delegado de ese instituto Leonel Godoy le pidió desistir luego de que los partidos coaligados pactaron la candidatura única de Bonilla Valdez.

Martínez Veloz aceptó competir como precandidato a la alcaldía de Tijuana logrando aventajar con amplio margen a los otros contendientes, en diversas encuestas hechas por empresas del ramo –Mitofs­ky, Pulsómetro, Buendía & Laredo, Pulsa, y El Financiero, entre otras–, hasta que fue excluido por completo en una encuesta que califica de “chapucera”, pues favoreció a quien siempre tenía los parámetros más bajos de aceptación.

Nunca le mostraron la metodología utilizada, dice, y aunque la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena resolvió cancelarla debido a las irregularidades metodológicas y ordenó reponer el proceso con transparencia y legalidad estatutaria, los dirigentes del partido jamás acataron la resolución.

Martínez Veloz y Peñaflor se inconformaron ante las instancias del partido y los tribunales electorales. Les respondieron que los dirigentes de Morena no habían acatado la resolución de su propio órgano interno de Honestidad y Justicia.

“Aferrado el bato”

Jaime Bonilla también recurrió a tribunales electorales el jueves 4. Su propósito era insistir en un tema que se presenta por quinta ocasión en menos de seis meses, lo que enrarece aún más la atmósfera política en la entidad.

El candidato puntero interpuso un recurso de impugnación en el Tribunal de Justicia Electoral del Estado, solicitando una vez más la ampliación del plazo de la próxima gubernatura de dos a cinco años, en defensa de sus derechos políticos electorales.

Una semana antes, el 27 de marzo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anuló por decisión unánime una sentencia del Tribunal Electoral de Baja California que fue emitida la noche del 24 de febrero para ampliar de manera ilegal a cinco años el periodo de la gubernatura.

Cabe recordar que en octubre de 2014, en cumplimiento de la reforma constitucional federal que ordena empatar los procesos electorales locales con los federales, el constituyente estatal decidió que, por única ocasión, el periodo de gobierno sea de dos años –del 1 de noviembre de 2019 al 31 de octubre de 2021–, para la gubernatura, diputados y alcaldes electos en los comicios del próximo 2 de junio.

“Aferrado el bato”, exclamó Martínez Veloz al enterarse de que Bonilla está recurriendo a los consejeros y magistrados electorales y a los legisladores para ampliar hasta 2024 el periodo de la nueva gubernatura.

Enseguida, con firma al calce, acusó por escrito a Bonilla de ser un agente infiltrado del FBI:

“No le importa debilitar las instituciones mexicanas, porque es un agente infiltrado de las agencias norteamericanas de inteligencia. Ha participado en diligencias judiciales en ese país como informante del FBI. Cobijado hoy por las siglas de Morena pretende llegar a tomar el poder en Baja California y desde ahí instrumentar una estrategia de entrega de nuestros recursos naturales a empresas trasnacionales de Estados Unidos.”

En esta nueva realidad y ante las “condiciones desastrosas” en que se encuentran el PAN y el PRI, después del “tsunami” electoral llamado Andrés Manuel López Obrador que hizo trizas al prianismo en 2018, catedráticos, dirigentes políticos, líderes sociales y analistas políticos consideran que la pelea por la gubernatura de Baja California se va a dirimir entre Martínez Veloz y el morenista Bonilla, favorito en todas las encuestas, con ventajas de tres a uno.

“Si a Veloz no se le cansa el caballo perredista, y si logra el apoyo de las organizaciones sociales y de la sociedad civil, podrá colocarse en posibilidades amplias de ganar la elección por la gubernatura”, comenta Arturo Ruiz Contreras, quien durante años fue asesor de legisladores petistas.

La elección no será tan tersa como se creía, enfatiza, pues el PRI casi se mudó completo a Morena, pero el PAN aún tiene los dos ayuntamientos más grandes –Tijuana y Mexicali– y cuenta con el apoyo de su vieja militancia, quienes darán aliento a su candidato Óscar Vega Marín.

Para Daniel Solorio Ramírez, maestro en Derecho Constitucional, “el morenaje está apoyando a Martínez Veloz, a Rigoberto Campos, a José Ángel Peñaflor, pero no la candidatura de Bonilla”.

El MAS 4T es una articulación de los movimientos dispersos que se han visto en estos dos últimos años en Baja California en diversas luchas como la defensa del agua y en contra de la corrupción. Es un movimiento que puede crecer y encontrar un cauce electoral en esta contienda, observa Benedicto Ruiz Vargas, analista político e investigador de la Universidad Iberoamericana Noroeste.

“El asunto clave –dice– es que hasta hace poco estos movimientos se identificaban más con Morena y López Obrador, pero ahora esa tendencia se ha roto o está en proceso de hacerlo.”

El también economista y sociólogo concluye que el movimiento social que hay en Baja California ha sido profundamente defraudado por Morena, por sus líderes y por el mismo presidente.

En la entidad, dice, “Morena es un partido antidemocrático. Seleccionó a sus candidatos en un proceso desaseado, pues sólo postuló a personas cercanas a Jaime Bonilla, excluyendo a aquellos con más representación política en las bases sociales morenistas. El método de la encuesta, utilizado sin dar a conocer su metodología, arrojó un resultado inverosímil, especialmente en Tijuana. Este sucio proceso, comandado por Bonilla y por el delegado Leonel Godoy, fracturó a Morena en el estado, disminuyendo sus posibilidades de triunfo y generando una situación en donde los candidatos excluidos, como Jaime Martínez Veloz, pueden cosechar el voto de castigo para Morena y Bonilla”

Autor del libro La democracia de las élites, visión de los procesos políticos en Baja California, Ruiz Vargas agrega:

“La dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky y el mismo López Obrador no tienen idea de la dimensión de esta fractura y del rechazo que está generando Bonilla entre los simpatizantes y electores de Morena. Apuestan todo al peso político del presidente, sin darse cuenta de que la dinámica electoral será distinta en Baja California porque su candidato será evaluado y votado como uno más, sin tener a su lado a AMLO haciéndole campaña.”

Poderoso caballero

Convencido de que Morena traiciona en Baja California el compromiso implícito en la 4ta Transformación de separar el poder económico del político, Ruiz Vargas asegura que ese partido postula a líderes empresariales que sólo buscan hacer negocios a la sombra del gobierno. “Están repitiendo el viejo esquema que aquí hemos vivido hasta la náusea con el PRI y el PAN”, insiste.

Durante 36 años, desde mediados de los cincuenta –cuando nació Baja California como entidad federativa–, el PRI mantuvo el poder hasta que en 1989 el PAN conquistó la gubernatura con Ernesto Ruffo. Bajo el panismo vivimos otros 30 años y no queremos “más de lo mismo”, insiste el catedrático.

La corrupción y la ineptitud, ejemplifica, se personifica en el gobernador Francisco Vega de Lamadrid, quien llega al último año de su sexenio con la peor calificación del panismo en el poder.

La encuesta de Arias Consultores del mes pasado lo ubica en el lugar 31 de los 32 gobernadores evaluados. Es el peor de todos, superado sólo por Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, de Nuevo León, y con una rayita más que el mandatario panista de Chihuahua, Javier Corral. El 88.2% de los bajacalifornianos reprueba la gestión de Kiko Vega.

–¿Habrá alternancia en BC?

–Puede haber una alternancia en el gobierno del estado en la elección de junio, pero ya no está seguro el triunfo de Morena. El PAN, aunque está muy debilitado, puede recomponerse a partir de la crisis de Morena. También es posible que otros candidatos repunten en la campaña”, estima Ruiz Vargas.

–¿El triunfo de Morena garantizaría en Baja California un paso hacia la 4ª Transformación propuesta por López Obrador?

–No veo que esto pueda suceder en un proceso encabezado por Bonilla y el grupo que está dirigiendo las acciones de Morena. Si este grupo –cuyo líder real es el exgobernador priista Xicoténcatl Leyva Mortera– llega a encabezar el gobierno estatal y los gobiernos municipales, sería un retroceso político y de otra índole.

–¿De qué índole habla?

–De otra… No entiendo por qué el presidente López Obrador ha sostenido e impulsado a Bonilla para que sea gobernador. Es un individuo que nada tiene qué ver con Morena, menos con el proyecto social y político que representa el presidente de México.

“Bonilla es un simple operador de AMLO, le ha servido para construir el partido en el estado y seguramente le ha aportado recursos económicos, pero políticamente nada abona a Morena, son antitéticos.”

Daniel Solorio Ramírez, exmagistrado presidente de la Segunda Sala del Tribunal de Justicia Electoral del Estado, coincide en que Bonilla no representa en Baja California los mismos intereses que en el plano nacional representa el presidente López Obrador.

“Sus idiosincrasias son radicalmente distintas. Andrés Manuel es un líder construido por el pueblo en aguerridas y duraderas batallas políticas, en tanto que Jaime es un empresario que sólo procura la acumulación sin límite de dinero”, puntualiza el también presidente de la Comisión Ciudadana de los Derechos Humanos del Noroeste.

Y remata: “Le encuentro (a Bonilla) una gran similitud con Kiko Vega”.

Dice que resulta “absolutamente ina­ceptable” la candidatura del teniente coronel Julián Leyzaola a la presidencia municipal de Tijuana, pues su expediente profesional está saturado de casos graves de tortura.

“Que Martínez Veloz aparezca en fórmula con Leyzaola me parece altamente ingrato para la candidatura de Martínez Veloz, a quien considero un candidato aceptable para una buena parte del electorado, incluido el morenaje decepcionado de su liderazgo partidista”, expresa.

La campaña por la gubernatura de Baja California se inició el 31 de marzo y en ella contienden seis candidatos:

Jaime Bonilla Valdez, por la Coalición Juntos Haremos Historia en BC; Jaime Martínez Veloz, por el PRD; Óscar Vega Marín, por el PAN; Enrique Acosta Fregoso, por el PRI; Ignacio Anaya Barriguete, por el Partido de Baja California (PBC), y el expanista Héctor Osuna Jaime, por Movimiento Ciudadano.

El PRD, que en las últimas elecciones ha realizado malabarismos políticos para conservar su registro electoral, saldrá fortalecido en esta contienda. Pragmático en extremo, postula lo mismo a obradoristas que a un personaje de negro historial como el exjefe policiaco Julián Leyzola, candidato a la alcaldía de Tijuana, la ciudad más violenta de México y considerada la más peligrosa entre las 50 urbes internacionales con mayores índices de criminalidad.

“Pocas veces se ha visto en Baja California un desmoronamiento tan claro de los partidos políticos”, concluye Solorio, quien milita en Morena: Dice que “el electorado votará por candidatos, por personajes, y muy poco por los partidos que los han cobijado”.